martes, 25 de abril de 2017

HISTORIA DE UNA MANIPULADORA






El  afán de poder cruza las páginas del libro de Muriel Spark  «La Plenitud de la señorita Brodie»  (Editorial Pretextos, Valencia, 2010, 173 páginas), donde la protagonista es una maestra transgresora para la época, que tiene gran influencia sobre sus alumnas, a las que califica como “la crème de la crème”.


Por Beatriz Berger 

Considerada la obra maestra de Muriel Spark (1918), la novela se desarrolla a fines de los años veinte, principios de los treinta, en la localidad de Edimburgo. La señorita Brodie es profesora  en una exclusiva escuela femenina y tiene un punto de vista especial para la época: afirma que la palabra educar  proviene de la raíz latina e, que viene de ex, que significa 'sacar', y de duco, que significa 'guiar'. “Para mí –dice-, la educación es sacar lo que ya está dentro del alma de una alumna". Así, sus clases son fuera de lo común y las disfrutan sus alumnas. Acude con ellas a los museos, conciertos y ballets. Además recorren lugares de la ciudad que por su condición social nunca habrían conocido. En definitiva les muestra otros horizontes, diferentes  a los establecidos en el plan escolar. Por ello, cuando hace clases, debe disimular que está hablando de política, de sus viajes a Italia o recordando experiencias personales y siempre mantiene en el pizarrón unas fórmulas matemáticas. 

A fin de cuentas, la señorita Brodie, quien asegura que se encuentra en la plenitud de su vida, es un ser atrayente, pero al mismo tiempo estereotipado, de ideas extremas, que no ha podido concretar su relación afectiva con los pretendientes que han surgido en su camino ni tampoco con sus discípulas y menos con las autoridades del colegio donde trabaja.

Así, resulta compleja la relación entre esta mujer de avanzada y sus seis alumnas favoritas, sobre las cuales ha desarrollado un cierto poder. Poder del que las niñas se irán sacudiendo en la medida que crecen y sus destinos serán distintos a los previstos.

Saltos en el Tiempo


Por otro lado, en el ámbito estructural, resultan interesante, los saltos en el tiempo que experimenta la narradora con sus personajes, pues no vacila en adelantar, en algunos casos, el futuro de ellos, sin perder el interés del lector, sino por el contrario, dándole agilidad  a su obra.
Se trata de una novela rápida que discurre entre las propuestas de la señorita Brodie y las reacciones del entorno y de sus alumnas que llegan a escribir una novela con la vida sentimental, imaginada desde luego, de su peculiar maestra.

No obstante, la intenciones de la señorita Brodie hacia sus niñas -que pertenecen a la “crème de la crème”-, al compás de los acontecimientos, se van volviendo maléficas, siniestras.   Increíble la escena donde el profesor de dibujo, enamorado de la señorita Brodie, pinta a sus seis alumnas tras cuyas facciones se percibe el rostro de la maestra. Metáfora que explica el dominio de ésta sobre las niñas e incluso sobre el pintor. Sin embargo, paso a paso, los  hechos y la vida misma, le van doblando la mano a la protagonista, ya que sus  “manipuladas”, comienzan a escapársele de las manos y cada una finalmente hace lo que realmente desea.

Una obra interesante, muy bien escrita que nos habla del afán de poder que siempre existe entre los seres humanos, aunque no lo parezca y no siempre se dé a conocer con claridad, pero que hay que tener en cuenta en la sociedad que habitamos, donde cada cual intenta dominar al otro.   

















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