domingo, 3 de abril de 2011
martes, 16 de noviembre de 2010
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En el caso de Vargas Llosa, la novela no versa sobre un tema sustraído a la vida, sino es un conglomerado de experiencias de distintas épocas y circunstancias que yacen empozadas en el fondo del subconsciente y paulatinamente confluyen en la imaginación del escritor, quien las descompone y recompone en algo nuevo. Así, el escritor se sirve de la realidad mostrando y representando todos los aspectos de la vida con igual pasión y verosimilitud y sin censura alguna. Las novelas mienten para expresar una verdad. Hombres y mujeres no contentos con su suerte, queremos algo diferente y lo encontramos en las novelas.
En literatura, mentira no significa irrealidad, tal como lo pensó la protagonista de La tía Julia y el escribidor, luego de leer esta novela e iniciar una serie de acciones para mostrar lo que Julia Urquidi llamó la verdad de los hechos, pero no tomó en cuenta que lo que hace el escritor es transformar la vida, añadiendo o eliminando ya sea para embellecer o empeorar la realidad, y es en esto que radica la originalidad de un novelista. Realidad es los que los lectores reconocemos como posible gracias a nuestras vivencias.
viernes, 22 de octubre de 2010
San Juan de la Cruz (1542-1591): Poeta de lo Indecible

“El alma que trabaja en desnudarse por Dios de todo lo que no es Dios, luego queda esclarecida y transformada en Dios; de tal manera que parece al mismo Dios y tiene lo que tiene el mismo Dios”. Escribe San Juan en el número 98 de Instrucción y Cautelas que dedica a quienes deseen llegar a ser un verdadero religioso y conseguir la perfección. (Obras Escogidas, San Juan de la Cruz, Espasa, Madrid).
Fundamentalmente, el desafío de este hombre austero -que llevaba el hábito remendado y buscaba la celda más pequeña para vivir- fue exteriorizar su vivencia mística para que, a través de sus poemas y escritos en prosa, el lector pudiera conocer o aproximarse al menos a lo que él vivió. En ese sentido, su poesía es revelación de un aspecto de su realidad y desde ese punto de vista, puede considerarse biográfica. En «Coplas del alma que pena por ver a Dios», dice:
Vivo sin vivir en mí,
y de tal manera espero,
que muero porque no muero.
(…)
Esta vida que yo vivo
es privación de vivir;
y así es continuo morir
hasta que viva contigo,
oye, mi Dios, lo que digo,
que esta vida no la quiero;
que muero porque no muero.
Despojarse de Fragilidades Humanas
Asimismo, en su vivencia íntima con el creador, al poeta místico le quedó claro que “para hallar en Dios todo contento, se ha de poner el ánimo en contentarse solo con Él, porque aunque el alma esté en el cielo, si no acomoda la voluntad a quererlo, no estará contenta. Y así nos acaece con Dios si tenemos el corazón aficionado a otra cosa”. (Nº84 de Instrucción y Cautelas).
Con la fuerza de lo vivido, en el poema «La noche oscura» de Subida al Monte Carmelo el poeta describe las tribulaciones que sufre el alma que pasa de la angustiosa noche oscura hasta llegar a la unión con el Amado.
En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.
(…)
¡Oh noche que guiaste,
oh noche, amable más que el alborada,
oh noche que juntaste
amado con amada,
amada en el amado transformada!
Por otro lado, acercarse a los versos de San Juan de la Cruz -“el más grande teólogo de los místicos católicos”, según el monje trapense y poeta norteamericano Thomas Merton- es también acercarse a la tradición literaria del «Cantar de los Cantares» bíblico y otros escritos religiosos, donde el amor divino se expone como una metáfora del amor profano. De esta manera, en sus «Canciones entre el alma y el esposo», el autor traslada el sentimiento entre los amantes y el matrimonio, al amor del Alma con Dios (el alma pasa a ser la Esposa y Cristo el Esposo). Y no sólo aborda los momentos alegres, sino también los sufrimientos de los enamorados y de los comprometidos con él, desde que el alma empieza a servir a Dios hasta llegar al último estado de perfección. La poesía fue entonces la mejor manera que encontró San Juan para expresar su conexión con el amor divino.
¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y ya eras ido.
Incluso el autor escribe sobre la relación entre los cuerpos del Amado y su Esposa, donde llama la atención que un tema espiritual aparezca tan carnal y a veces hasta erótico en los poemas. No obstante, tanto en la Biblia como en San Juan, se trata de un amor natural, que nada tiene de pecaminoso y que tiende a la unidad con el otro.
Entrándose ha la Esposa
en el ameno huerto deseado,
y a su sabor reposa
el cuello reclinado
sobre los dulces brazos del Amado.
Entender sin Entender
Provista de gran intensidad expresiva, la obra del carmelita además de arrojar valores teológicos y literarios, agrega también consideraciones filosóficas como en sus «Coplas sobre un éxtasis de alta contemplación».
Entreme donde no supe
y quedeme no sabiendo,
toda ciencia transcendiendo.
Yo no supe donde entraba,
pero cuando allí me vi,
sin saber dónde me estaba,
grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí,
que me quedé no sabiendo,
toda ciencia transcendiendo.
Estaba tan embebido,
tan absorto y ajenado,
que se quedó mi sentido
de todo sentir privado;
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.
(…)
Este saber no sabiendo
es de tan alto poder,
que los sabios arguyendo
jamás lo pueden vencer;
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda ciencia trascendiendo.
Acerca de este “entender no entendiendo”, santa Teresa de Jesús en sus Mercedes de Dios entrega un juicio categórico: “Mientras menos lo entiendo más lo creo.” Y en otro lugar declara: “El entendimiento, si se entiende, no se entiende cómo entiende; al menos, no puede comprender nada de lo que entiende. A mí no me parece que entienda, porque, como digo, no se entiende: yo no acabo de entender esto.”
Palabras que Actúan en el Alma
La palabra poética de San Juan produce, sin lugar a dudas, una acción en el alma. Lo avala José Angel Valente:
-En el mundo en que vivimos –agrega Valente-, regido por el mercado y los medios de comunicación, la poesía nos da otro pan, otro alimento necesario: la palabra sustancial, seminal, que no la entregan ni los ordenadores ni las crisis económicas ni el dinero especulativo. La palabra poética se retrae y nos retrae a una absoluta interioridad, espacio que el hombre necesita para vivir y ser más perfecto. Es importante que la gente aprenda a entender la poesía no entendiéndola.
Concluye Valente:
-La palabra del político, de la propaganda, es unívoca, no tiene más que un sentido: en cambio la poética es polisémica, significa todo al mismo tiempo. Cada vez que la pronuncias estás utilizando algo que se ha repetido muchísimos siglos atrás, arrastras todas las significaciones, ¡fíjate lo preñada de sentido que está! Por eso, un poema puede ser leído de muy distintas maneras y en cada nueva lectura se recrea. La palabra poética está siempre abierta.
Siempre abierta a las diferentes connotaciones de todos los tiempos, como es el caso de la obra de San Juan de la Cruz, de la cual el poeta y crítico literario español Luis Cernuda, destaca también la belleza y pureza literaria que, a su juicio, “son resultado de la belleza y pureza de su espíritu. Es decir, consecuencia de una actitud ética y de una disciplina moral. No es quizá fácil apreciar esto hoy, cuando todavía circula por ahí como cosa válida ese mezquino argumento favoreciendo la pureza en los elementos retóricos del poema, como si la obra poética no fuera resultado de una experiencia espiritual, externamente estética, pero internamente ética” (Las Palabras de la Tribu, José Angel Valente, Tusquets Editores, Barcelona, 1994).
Hace tal obra el amor
después que le conocí,
que, si hay bien o mal en mí,
todo lo hace de un sabor,
y al alma transforma en sí;
(…)
domingo, 10 de octubre de 2010
Un imperdible: la buena novela histórica
Un imperdible:
La buena novela histórica.
Cuando la conductora del taller nos puso como norte la novela histórica y nos adelantó que era una corriente importante dentro de la literatura actual, yo recordé algunas experiencias al respecto. Por ejemplo, haberme entretenido a morir con el inolvidable “Adiós al Séptimo de Línea”, de Jorge Inostroza, hoy llevado a la televisión. Lo mismo con “Martín Rivas” de Alberto Blest Gana, también transformado en teleserie. Libros que, si han sido bien investigados, son capaces de llevarnos, a través de la ficción, a un pasado apasionante, tan diferente del que suelen entregarnos esos tediosos manuales de la historia, supuestamente oficial. Textos que, por lo menos a mí, me dejaron en la memoria bastante menos de lo que hubiera deseado.
Nos adentramos en la tormentosa vida de Catalina de los Ríos y Lisperguer, la Quintrala con la novela, titulada -“Maldita yo entre las Mujeres”- escrita en 1991 por la destacada Mercedes Valdivieso considerada la primera escritora feminista chilena e hispanoamericana.
Integrante de la Generación del 50, Valdivieso (1924-1993) rescata en su libro a la que para ella es, sin duda, la mujer más destacada del siglo XVII en Chile. Nos presenta a una Catalina que va más allá de la mujer monstruo que todos suponemos que fue, de acuerdo a lo que siempre nos hicieron creer. El relato nos permite profundizar en la época y en este personaje real y de leyenda, para construirnos, entre el humo de los braseros, conjuros, amores y crímenes, a una Quintrala contestaria, que no cumple con ninguno de los roles asignados a su género durante la Colonia. Una Quintrala que, por desgracia, para imponerse, comete las mismas atrocidades que muchos hombres… sólo que a ellos nunca se les critica ni condena. Esta Quintrala feminista, mezcla de sangre española, alemana y mapuche, forma parte de esa estirpe de mujeres fuertes, soberbias, valientes y muchas veces crueles.
- “Ay Mama Inés”- fue otra de las excelentes novelas leídas en el taller. Escrita por Jorge Guzmán y editada en 1993, se centra, fundamentalmente, en la vida de Inés Suárez y Pedro de Valdivia durante la Conquista; un tema también abordado por Isabel Allende en su -“Inés del Alma mía”- escrito 2006. En su libro Guzmán nos muestra cómo se llevó a cabo este sangriento episodio, guiado por la ambición de los españoles por obtener riquezas minerales y el afán de extender su reino y el catolicismo en este territorio. Un proceso que, en los conquistadores, se mezclan crueldad, valentía y grandeza. Y, en nuestro primeros habitantes, con Lautaro a la cabeza, inteligencia, astucia, fiereza y heroísmo. Las personalidades de Pedro de Valdivia y su amante Inés, su relación amorosa y su quiebre hacen de este libro un imperdible.
¿Y cómo olvidar otras novelas del género también compartidas en nuestro grupo? Entre ellas, -“Hasta no verte Jesús mío”- de la mexicana Elena Poniatowska, quien nos presenta a Jesusa Palancares, un personaje de la vida real en el México de la revolución y etapas posteriores. Escrita en 1954, la historia está muy enfocada a la condición de la mujer de estratos socioeconómicos bajos durante esos tiempos violentos y corruptos, en la que está sujeta al abuso y constante maltrato masculino. Jesusa es el retrato de una solitaria, rebelde, que lucha como el hombre para mantener su independencia, mientras, bajo capas y capas de fuerza y rudeza, oculta un corazón tierno y amoroso.
Y, para cerrar este maravilloso capítulo, dos títulos inolvidables y que merecen ser comentados en forma indipendiente: -“Camisa Limpia”- de Guillermo Blanco y -“El Reino de este Mundo”- de Alejo Carpentier.
Por Ana María Egert
jueves, 7 de octubre de 2010
La mujer imaginada
No obstante, esta apertura de puertas al dragón de las culpas y de las rabias enjauladas, felizmente ha sido para las mujeres la liberación de su auto-expresión sincera junto a la posibilidad de realmente vivir sus duelos y desamparos, las crueldades sufridas y las devueltas. En efecto, la rabia, además de traer consigo el regalo de verdades muy simples, ha desencadenado un chorro de fantasías al servicio de re-imaginar una nueva narrativa e imagen femenina y la construcción de un mundo propio de saber. Así encontramos en las películas protagonizadas por Jodie Foster, el retrato de la mujer sola, vulnerable y sensible, que al verse forzada a luchar contra un medio hostil, descubre una fuerza que antes desconocía. En tanto, las heroínas de Isabel Allende, empujadas por el amor, se hacen inmensamente valientes mientras se adentran en territorios inexplorados. ¡Ah! Casi había olvidado la película El diablo se viste de Prada, protagonizada por Meryll Streep, que da cuenta de un tipo de mujer que, llevada por ideales masculinos de poder y control, sobresale en el mundo de la moda, aunque eso le cuesta el sacrificio de su sensibilidad y ternura.
En cuanto al género de acción, últimamente se ha dado una corriente de seriales televisivas y de novelas -en general entretenidas, aunque muy malas- cuyas bellas protagonistas se lucen dando patadas en el trasero y torturando a todo tipo de malhechores o demonios con pinta de vampiros, sobre un trasfondo sexual un tanto masoquista y sádico. Afortunadamente, también han aparecido lúcidas espías al estilo James Bond, que retratan la vida en las centrales de inteligencia. Por ejemplo he leído que hay novelas muy notables, entre ellas Loose Lips, la primera obra de Claire Berlinski, y While I Sleep, calificada como la novela más compleja de Linda Howard.
martes, 21 de septiembre de 2010
Sor Juana Inés de la Cruz, Monja Díscola, Poeta Insigne.
Mi primer encuentro con Sor Juana Inés de la Cruz se produjo en los años noventa, al ver la película “Yo la peor de todas” de la fallecida directora de cine, María Luisa Bemberg. Cuando en nuestro taller literario nos entregaron el programa de lecturas de este año, allí estaba la monja. Rápidamente me adjudiqué el tema para nuestro incipiente blog. Yo quería escribir su biografía porque me atrae su personalidad, su espíritu libre, su amor por el conocimiento. Me entristece que le hayan cortado las alas sólo por el hecho de ser mujer. Me gusta que, a pesar de esto, haya continuado escribiendo a escondidas.
Nacida a mediados del siglo 17, esta monja mejicana aparece en la capital azteca, cuando ya terminada la Conquista española, la cultura empieza a florecer entre la clase dominante del período colonial.
Su nombre real era Juana Ramírez de Asbaje, hija natural de un militar español y de una criolla, hija de terratenientes. La niña Juana presentó ya a los tres años deseos de aprender a leer, lo que logró asistiendo a las clases que le daban a su hermana mayor. Luego se interesó por los libros de la biblioteca de su abuelo. A los 8 años ya escribía poemas. Y cuando se enteró de que existían las universidades y que en ellas no recibían mujeres, empezó a pedir que la enviaran allí, aunque tuviera que vestirse de hombre. Obviamente no se lo permitieron.
La sociedad mejicana de ese período estaba integrada por españoles e indios que se fueron mezclando y formando una raza propia. La Iglesia Católica ejercía una influencia predominante y se preocupó que la literatura – y también otras artes- cumplieran un objetivo: la evangelización. La poesía era la más aceptada de las formas escritas y el teatro se usó preferentamente para la divulgación de la fe.
Antes de cumplir 10 años, Juana fue enviada a la capital a vivir con parientes. Allí se las arregló para estudiar –aprendió a dominar el latín en 20 lecciones- leyó aún mas y empezó a preocuparse de temas científicos.
En ese momento, llega a Méjico el nuevo virrey, don Sebastián de Toledo, marqués de Mancera y su esposa, Leonor de Carreto. El matrimonio, amantes de la cultura y de las artes, muy pronto se entera de las gracias de la joven Juana y la invitan a vivir en la corte. El virrey, impresionado, llama a un grupo de notables para que la sometan a un examen de conocimientos, del que la jovencita sale con honores.
Se convierte en la niña mimada de la corte y es adulada y celebrada por todos. Es bonita, ingeniosa y se rodea de los intelectuales más destacados del país. Pero, antes de cumplir veinte años, decide entrar a un convento. ¿Por qué? Definitivamente no tenía vocación religiosa. Al parecer le atraía el silencio monacal, donde ella podría dedicarse a estudiar intensamente sin ser molestada. Por otra parte, se declaraba contraria al matrimonio, lo que hizo, incluso, que le achacaran desviaciones lésbicas.
A los cuatro meses de entrar al Carmelo, Juana tiene que retirarse porque su rigurosidad perjudica su salud. Vuelve por un año a la corte y luego ingresa al Convento de San Jerónimo, cuya orden contemplativa era menos estricta. Allí adopta el nombre de Juana Inés de la Cruz, logra formar una biblioteca de cuatro mil libros, probablemente la más completa de la época, adquiere instrumentos científicos y es atendida por varias sirvientas. La monja convoca allí una especie de tertulia con sus pares intelectuales, donde estudian, discuten y hablan de filosofía.
En el convento, Sor Juana Inés llevaba la administración. Aunque le ofrecieron ser abadesa, ella siempre se negó. Financiaba sus libros y otras adquisiciones, escribiendo por encargo: villancicos, poemas, piezas de teatro, autos sacramentales, y sonetos. Se los piden personajes de la corte, sacerdotes de otros conventos o familias importantes de la sociedad mejicana. En una ocasión declaró que lo único que había escrito por su propia voluntad era “aquel papelillo que llaman el sueño”. (Primero Sueño).
Sor Juana Inés de la Cruz vivió en pleno Siglo de Oro de las letras españolas. Fue contemporánea de Quevedo, Góngora y Calderón de la Barca, todos ellos barrocos, un estilo literario que se caracteriza por el abuso de metáforas y la complejidad de la expresión, con el objetivo de asombrar o maravillar al lector. En el barroco era usual usar técnicas como la ironía, palabras con sentido doble e inversión de frases.
Nuestra monja mejicana tuvo una variada producción, incluyendo obras en prosa, entre ellas la “Carta Athenagorica” (1690), una profunda reflexión sobre las Sagradas Escrituras y la doctrina de la Iglesia, en la que critica un sermón del jesuita Antonio Vieyra. También escribió “Respuesta a Sor Filotea” (1691) dedicada al obispo de Puebla, que había criticado su afán de erudición, en un tiempo en que ésta era reservada a los hombres. Aquí, la religiosa hace un relato de su propia vida, de su amor por el conocimiento, del derecho de las mujeres a aprender y defiende su posición ante el cura Vieyra.
En cuanto a su producción teatral, incluyó muchas loas y villancicos, además de dos comedias de sainete: “Los empeños de una casa”, con gran influencia de Calderón de la Barca y “El amor es más laberinto”. Pero es en la poesía donde Sor Juana Inés llega a su máximo esplendor, entroncando con lo mejor de la lírica española. Sus poemas de amor, sus poemas de ingenio y, sus sonetos, la han hecho merecer el apelativo de la Décima Musa.
A pesar de todo su prestigio intelectual, la Carta Athenagorica y La respuesta a Sor Filotea, lograron derrumbar el maravilloso Parnaso que la religiosa había levantado en su celda. “Con la Iglesia hemos topado, amigo Sancho”, sería la cita que aquí cabe. El poderoso obispo de Puebla la presionó para que dejara todo quehacer que no fuera religioso. La obligó a vender su biblioteca y su instrumental científico, pero no logró doblegar su espíritu.
Señala el Nóbel mejicano Octavio Paz, profundo estudioso de la vida y obra de la religiosa, “las autoridades son más rigurosas con esta mujer, que se ha hecho monja para poder pensar, que con sus contemporáneos varones: Góngora, Lope, por ejemplo, son malos sacerdotes, desordenados y lujuriosos, y son perdonados. Sor Juana no es una monja desordenada: es una monja díscola, y con ella son implacables”.
A partir de entonces, en 1964, deja de publicar, pero continúa escribiendo. Un inventario del siglo XIX encontrado en su celda, da cuenta de 15 manuscritos póstumos de poemas sagrados y profanos. Un libro, “La Casa del Placer”, recientemente publicado, reúne “Enigmas”, poemas que ponían a prueba el ingenio del lector. Sor Juana los escribió, por encargo de la condesa de Paredes, para un grupo de monjas portuguesas aficionadas a la lectura y grandes admiradoras de su obra, que intercambiaban cartas y formaban una sociedad a la que dieron el nombre de Casa del placer. Las copias manuscritas que hicieron estas monjas de la obra de Sor Juana fueron descubiertas en la biblioteca de Lisboa en 1968.
Las penurias de esta gran mujer continuaron. Sus amigos en la corte habían fallecido, las monjas más cercanas a ella, también. Revueltas y rebeliones surgían en distintas partes del virreinato. Méjico fue asolado por una epidemia de peste. La monja se dedicó a cuidar a las religiosas enfermas de su convento, siendo contagiada en poco tiempo. Murió en 1695, a los 44 años de edad.
María Teresa Gandarillas Vergara

