por Beatriz Berger
lunes, 20 de junio de 2011
I Próxima a Salir: Nueva Biografía de María Graham
por Beatriz Berger
viernes, 29 de abril de 2011
Sobre San Juan de la Cruz y La nieta del señor Lihn: ¿Puede uno hacerse el loco sin serlo y así y todo estar en un asilo?

Arthur Miller
Por increíble que sea, la respuesta de Phillipe Claudel en su novela La nieta del señor Lihn es sí. En sus páginas, su autor, sobre el trasfondo del hormigueo indiferente y sin olor a nada de una gran ciudad, se las ingenia para que hagamos una parada a fin de mirar la desesperada situación del frágil y anciano, señor Lihn, un refugiado que llegó arrancando, junto a su pequeña nieta de meses, de una guerra que ha desvastado su aldea y su familia. Como le sucede a tantas almas tristes, nadie le quiere en verdad mirar, ni escuchar o dejarle hablar y mucho menos acercarse a la naturaleza de su tragedia. Tal silencio y desamparo podría haber sido mortífero para él, al encerrarlo en un mundo sin deseos ni palabras, si no se hubiese arrimado por casualidad al espíritu afectuoso y robusto del señor Bark, otra alma, asida a nada, tras la muerte de su amada esposa. Todo esto, entendiendo sin entender a San Juan de la Cruz: “Mas escoge para ti un espíritu robusto, no asido a nada, y hallarás dulzura y paz en abundancia, porque la sabrosa, dulce, y durable fruta en la tierra fría y seca se coge."
Así las cosas; la luz de este diamante-novela hace brillar el fruto más preciado de la vida: la amistad verdadera, recordando que pese a las calamidades y otros quebrantos, gracias a ella la vida merece ser vivida. Así somos testigos del conmovedor encuentro de estos dos espíritus solitarios, que en realidad son tres, si incluimos a la nieta de Lihn. Es un encuentro intimo, de alma a alma, de gran fuerza y que en verdad une; ambos se adivinan o intuyen entre sí, se palpan profundamente más allá de las palabras; como si cada uno quisiese entrar en el pellejo del otro, hallando mediante pequeños gestos de ternura comunicar lo esencial. Aunque eso no es todo. El relato enseña que la fantasía juega un papel central para sobrellevar las durezas del día a día y nos salva de perecer ante las crueles verdades, aun cuando a los ojos de los demás,"sólo peinemos la muñeca”. En tanto las horas más bellas y elevadas de este relato transcurren al momento en que el viejo abraza la ciencia de la cruz de San Juan:"El camino de la fe es sano y seguro, y por este han de caminar las almas para ir adelante en la virtud, cerrando los ojos a todo lo que es del sentido e inteligencia clara y particular”. Cuando Lihn comprende que quien no puede morir debe continuar andando, se lanza a la "enloquecida fuerza del desaliento" (como dice tan bellamente el poeta español Ángel González); en un andar ciego y desorientado, abrazado a la ternura de su pequeña nieta que debe cuidar solo y de la cual jamás se separa, va tras la vida de su alma. ¡Vaya novela! Muy breve, se lee de un tirón, y, bella y triste a la vez, engancha con simpleza al corazón. Su final inesperado y de no creerlo, hace ver que la verdadera liberación arranca de los sentimientos. Vale entonces amar nuestros delirios de amor tanto como a nosotros mismos, pues el amor es lo único capaz de sobrevivir a la tragedia.
El texto recién leído por ustedes, nace de un comentario al pasar:"Para qué incluir a San Juan de la Cruz en el blog: ¡Ufff! si tiene olor a naftalina". Para juzgar según su experiencia, si las verdades esenciales que salvan son eternas y siempre nuevas, lean esta nueva novela.
domingo, 17 de abril de 2011
HUELLAS DE CULPA
Pasan los meses y Michael comienza a añorar la piscina, sus amigos y amigas y realiza algunas arrancadas con ellos. En ese momento, la mujer desaparece y el joven queda con una sensación de culpa que arruinará sus futuros amores.
Siete años después, el protagonista, convertido en estudiante de leyes, es enviado a observar un juicio a un grupo de guardianas de las SS. Allí encuentra nuevamente a Hanna. Durante el desarrollo del proceso, se da cuenta que es analfabeta y que por no revelar este secreto, carga sobre sí misma todas las culpas. Más adelante, comenzará a grabarle libros y a enviárselos a la cárcel, sin que se cruce correspondencia entre ambos. Ella aprende a leer con la ayuda de las cintas y a los textos sobre los campos de exterminio y el Holocausto que obtiene en la biblioteca. Así, en el libro, se cruzan distintos enfoques y tragedias: primeramente, aparece la culpa, por la que han tenido que pagar los alemanes que nacieron después del Holocausto por una guerra en la que no tomaron parte; además, interviene el personaje femenino, contemporáneo al conflicto, que asiste sin reproches de conciencia a éste. Por otra parte, parece preferir el castigo, antes de confesar que no sabe leer. El autor, que también nació después de la guerra, analiza la posición de sus pares respecto de sus padres y como abogado, reflexiona sobre el derecho y la justicia. En una conversación de Michael con su padre -académico y filósofo-, hablan de la dignidad y la libertad del hombre para decidir su destino.
Bernhard Schlinck nació en 1944, el año en que terminó la Segunda Guerra Mundial. De profesión abogado, ejerce como juez en Alemania. Sus tres primeras obras fueron novelas policiales, que alcanzaron gran popularidad, pero fue con “El lector” donde ha obtenido el mayor reconocimiento, ganando gran número de premios literarios y batiendo todos los récords de ventas. Ha sido la novela alemana de pos guerra más vendida en Estados Unidos.
“El Lector” fue trasladado al cine con gran éxito por el director Stephen Daldry. En la película, Kate Winslet realiza una gran interpretación de Hanna, por la que ganó un Oscar. El papel de Michael lo desempeñaron dos actores: David Cross, hace un Michael de 15 años, y Ralph Fiennes, lo representa como adulto. Un libro interesante, magnificamente escrito, sobre un tema imborrable en la conciencia alemana.
(Puedes acceder al trailer de la película haciendo click aquí)
Maria Teresa Gandarillas
lunes, 4 de abril de 2011
María Ester Martínez Sanz: Maestra hasta el Fin
María Ester en mi recuerdo
Y así ocurrió. Un día antes de su partida, volvimos a encontrar a la misma Mem de siempre.
domingo, 3 de abril de 2011
Nuestro taller: el legado de María Ester
Nuestro taller:
El legado de María Ester
A María Ester la recuerdo esa tarde de verano en nuestra habitual reunión del taller literario. Al iniciar la sesión se veía cansada, físicamente débil. Sin embargo, al poco rato, todo fue alegría. Como tantas otras veces, después de conversarlo todo, nos centramos en lo que acabábamos de leer: “El lirio del valle”, de Balzac. Fue el último libro que compartimos con quien sería, por tantos años, nuestra guía y amiga en el maravilloso viaje por la literatura. Pocos días después, el 6 de enero de este año, ella dejó este mundo para siempre.
Para María Ester, fuimos sus “talleristas”, como nos bautizó, un grupo de mujeres donde el respeto mutuo fue la tónica, más allá del color político y las creencias religiosas de cada una. Desinteresadamente, ella, una mujer de lucida trayectoria en el campo de las letras, puso a nuestra disposición sus conocimientos literarios, vastísimos. Nos llevó a deleitarnos con la belleza de la poesía y a profundizar en los rincones más ocultos del cuento y la novela; el revés de la trama, como decía. Recorrimos la poesía erótica de Gonzalo Rojas y la mística de San Juan de la Cruz. Nos adentramos en la literatura del horror con Henry James. Miramos el pasado bajo la óptica de la novela histórica de Alejo Carpentier, Mercedes Valdivieso, Guillermo Blanco. Gozamos, sufrimos y nos emocionamos con el “Macbeth” de Shakespeare, “Mientras agonizo” de Faulkner, “El guardián entre el centeno” de Salinger, “La tía Julia y el escribidos” de Vargas Llosa. Y tantos otros libros, los de Chejov, Hemingway, Rivera Letelier, Violeta Parra, Goethe.
Lo que caracterizó a este taller fue la libertad para escoger nuestro material de lectura. En verdaderas reuniones de pauta, se proponían y discutían ideas, bajo la conducción de María Ester. Muchas veces una cosa llevó a la otra. Por ejemplo, después de “Leer Lolita en Teherán”, de Azar Nafisi, la historia de un grupo de jóvenes mujeres iraníes que se reúnen en un taller con su profesora de literatura bajo la represión política de su país, decidimos leer las novelas que allí figuran, como “Lolita” de Vladimir Nabokov, “El gran Gatsby” de Scott Fitzgerald y “Orgullo y prejuicio” de Jane Austen.
Lo mismo nos pasó cuando llegamos al final de “Balzac y la joven costurera china”, de Dai Sijie, un verdadero homenaje a la literatura y la libertad en tiempos atroces, como los de la revolución cultural en China. Esta bella y hermosa novela nos condujo a descubrir (o redescubrir) a Honoré de Balzac y otros escritores franceses de la llamada novela realista del siglo XIX.
Y todo este maravilloso trabajo se llevó a cabo bajo la conducción de alguien tan preparado como María Ester. Pero ella hizo mucho más. Con nosotras, todas ignorantes en el tema, logró echar a andar este blog, enseñándonos que para escribir publicaciones y comentarios sobre literatura hay que respetar ciertas reglas de estilo. Un parto para cada una, acostumbradas a redactar reportajes periodísticos o informes de sicología. De todas estas reglas, confieso, no llegamos a aprender ninguna.
En la última reunión que tuvimos con ella nos hicimos nuestros regalos de Pascua. Por mi parte, le llevé una agenda que, por desgracia, ni siquiera alcanzó a iniciar. La elegí porque, según decía en la tapa, era “sólo para mujeres” y a ella el tema de la mujer en la literatura, como autora o protagonista, siempre la apasionó. De ahí que leyéramos la novela de Elena Poniatowska “Hasta no verte Jesús mío”, los libros de “Rut”, “Ester” y “Judit” del Antiguo Testamento, el poema de Gabriela Mistral “Todas íbamos a ser reinas”, el drama de Ibsen “Casa de Muñecas” y tantas otras obras.
De María Ester recibimos un invaluable legado, un taller consolidado y un blog que, tal vez, signifique un pequeño aporte para quienes están en este mismo viaje por la literatura. Un taller y un blog que seguirán funcionando, tal como ella lo hubiera deseado, aunque ya no esté entre nosotras.